Reflexiones del capitán

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¿Que hace un capitán tierra adentro, encerrado en una oficina enterrado en planos de extrañas plantas industriales o encerrado en una refinería en una puesta en marcha que parece no tener fin?

Alguien me dijo que no hay nada mas fácil que volver a caer en la rutina diaria…. no, no es así; a mi me esta costando mucho y aun estoy muy lejos de la rutina de antes. Hago mi trabajo, los cálculos, las puestas en marcha,…como si fuera cierto, pero yo ya no me lo creo del todo; Esto no es la realidad, o es solo „una“ realidad, una muy pequeña que sirve para ganar dinero, pero el precio que hay que pagar es muy alto.

Lo mas duro es ver que a mi alrededor parece no existir otra realidad que la de la sociedad „civilizada“ en que el primer bien es el dinero, el segundo el tiempo para poder ganar mas dinero,…, posiblemente el tercero el reconocimiento de la sociedad por saber ganar mucho dinero, o el coche para que se vea que ganas mucho dinero, la casa … es una locura global. Pero es tan solo un escenario, un teatro. Y mientras llevo la gorra de „ingeniero, empresario o doctor especialista“ estoy allí, pero después salgo del escenario. Si no hay mucha nieve, me monto en la bici, y aunque sea de noche y haga frío disfruto de la libertad de dejar toda esta locura detrás de mí y volver pedaleando al pueblo. En casa siempre hace sol, aunque todo este nevado, aunque el cielo este negro o este lloviendo a cántaros. Allí están mis soles y junto a la chimenea entro en mi realidad, en una más real.

Desde que Laia va a la escuela del pueblo hemos vivido muchos cambios. Ya no soy el „forastero“ que vive aquí desde muchos años y no llega a integrarse: soy el padre de Laia, esta niña de la 1A, que tiene tantos amigos y que es tan alegre en clase. Por todas partes me saludan, y si llevo a Laia de la mano me cuenta: esta está en mi clase, este de la segunda, esta la hermana de mi amiga y este chico siempre me ayuda….. y cada sábado al despertar me dice: ¿porque hoy no hay cole? Ahora Laia y yo nos escribimos cartas y está tan orgullosa de saber leer!. La lectura le esta abriendo un mundo nuevo. Su alma de marinera sigue en sus dibujos, dibujos de barcos, de delfines, de olas, … y debe de ser contagioso, pues encima de cada pupitre cuelga un dibujo de un barco que han pintado en clase.

La nostalgia del mar desaparece viendo a esta pequeña enseñándonos orgullosa lo que ha aprendido, revolcándose en la nieve o bajando juntos en trineo. Mientras Laia esté tan alegre en su cole, con su „Fräulein“, con sus amigas, el Trotamar y su capitán se tendrán que conformar con navegar dos meses al año.

Algún día le propondremos dejar el colegio por unos meses. Si se le oscurecen los ojos, seguiremos aquí, en tierra firme, disfrutando de ver como aprende y crece esta campanilla, pero si a nuestra grumete, nuestro delfinito, le brillaran los ojos nos iremos. Volveremos a despedir a nuestros amigos y familia y partiremos para recorrer los océanos y vivir nuevas aventuras.